14/11/05

El más noble arte

medium_uuu.jpgEl aroma a café recién servido se podía percibir en el aire, era un aroma penetrante y evolvente, donde se apreciaba la suavidad, la espesura y la frescura de la crema, con la rudeza y leve repugnancia del café. Ella, fumaba, estaba esperando a alguien, sí, a él. Estaba sentada al fondo del café, en una pequeña mesa de madera color oscuro, en donde había un capuchino y un cenicero. Eran cerca de las siete de la tarde, en el lugar habían unas ocho personas además de ella. Miraba impaciente el reloj que colgaba en una de las paredes color salmón claro, mientras se decía, ¡otra vez tarde!. Ya son treinta minutos que lo espero y no llega; en tanto pensaba esto, saboreada el capuchino, y se decía: en realidad, este es el mejor capuchino de la ciudad, es que tiene algo de especial, siempre cuando lo bebo siento como el café espeso se desase en mi boca. Esa espesura, cremosa y exquisita, esa amargura y dulzura que siempre me recuerdan la primera vez que entré aquí.
Fue a hace tanto tiempo, —a ver— fue hace más de 4 años, cuando entre por esa misma puerta con él; recuerdo que el empujo la puerta y me dejó pasar primero, como siempre lo ha hecho. Cuando entramos el dueño nos quedó mirando y luego nos regaló una gran y tierna sonrisa; nos sentamos al final del café, exactamente donde estoy sentada hoy. Ese fue un día maravilloso, éramos dos jóvenes universitarios con todo por delante, hablando del futuro y sobre lo que podríamos construir juntos. Conversamos cerca de tres horas, en donde nos dijimos tantas cosas, nos prometimos tantas otras y nos juramos tantas otras, que en este instante de mi vida, solo guardo y atesoro una. Fue cuando me tomó las manos, me dijo: ¿oye? ¿casémonos?; pero no te rías, en serio casémonos. Claro obviamente después que salga de la universidad, solo me queda un año. ¿qué me dices?. Fue extraño, en ese instante sentí como si el mundo se cayera a pedazos, estaba atónita, y solamente le dije que sí; fue casi un acto reflejo, como comúnmente se dice, se me salió... en realidad, el sí fue sincero, pero era un sí, sin esperanza, era un sí vacío. Por supuesto quería casarme con él, pero de que eso sucediese algún día... No sé, hoy cuando recuerdo eso, siento mucha pena, es como si desde hace cuatro años, me hubiese estado mintiendo, aunque no sea solamente su culpa, ya que nadie me obligó a creerle. Me siento tan idiota ahora, como a un animal cuando le hacen sonar su bolsa de alimento para hacerlo venir y luego no le dan alimento si no que solo fue un engaño, para echarlo de la casa. Yo sabía que el llamado quizás era falso, pero igual acudí, no me arrepiento, pero me duele... No sé que pensar, no se que sentir; es extraño siempre lo he amado, a pesar de que siempre me ha tenido engañada.
Sé que me ha “embaucado” todo este tiempo, pero sé que no es por hacerme mal, aunque igual me haga daño y más de lo que él cree. Siempre uno cree que hace algunas cosas para proteger a las personas, pero es justamente esa protección la que hiere. ¿qué lo habrá retrasado hoy? Quizás una reunión imprevista, quizás un encargo urgente, quizás una diligencia impostergable, ya no sé que pesar y tampoco sé que creer. Lleva una hora de atraso, parece que mejor me iré a mi casa, total, sé que el llegará allá para darme “las disculpas del caso”. La mujer sorbió el último resto de capuchino que había en la taza, pasó a pagar y se despidió del dueño, quien pensaba: Pobre, otra vez L... no llegó...
Salió del café, tomó la calle R... si aquella larga e iluminada avenida, se sentía casi destruida, casi deshecha, pero el casi era casi, solo por eso que las mujeres llaman dignidad. Sus pasos eran lentos y su mirada se perdía en los enormes edificios a los costados de la avenida, no quedaba mucho para completar su trayecto, cuando siente pasos alborotados y sonoros detrás de ella, los sentía cada vez más fuertes y cercanos, hasta que al fin sintió aquella voz que la llamaba por su nombre: ¡A... espérame, por favor! Ella sintió un enorme escalofrío en su cuerpo y quedó paralizada. Se giró y vio que L... se acercaba con torpes y grandes zancadas hacia ella. ¡Por favor, A... déjame explicarte!. Pero ella estaba realmente cansada y solo le dijo: ¡no es necesario, no me expliques nada! —su tono no era de reproche, ni de molestia, sino más bien de amargura— ¿sabes? ¡estoy cansada! ¡esto siempre es igual, que me vas a decir, si nunca nada cambiará!. ¡Por favor A... hablemos, por favor te lo ruego!. ¿Y qué quieres hablar? ¿Qué me vas a decir? Que esto va a cambiar, que esto dejará de ser lo que es, que por fin caerá toda esta mentira... Pero A... ¿de qué estás hablando?. Por favor no me vengas a decir de qué estoy hablando, si tú sabes de lo que hablo, hace años que esto dejó de ser lo que fue, si un tiempo te creía algo, hoy por hoy, tu palabra no vale nada... Estoy cansada, no quiero estar más contigo, no ves que solo nos hacemos daño, no ves que todo este tiempo nos estamos poniendo más y más viejos, más y más amargados, acaso no te das cuenta de que damos vueltas en círculos y no llegamos a ninguna parte... Sabes? Estoy cansada, en realidad tú sabes lo que tenemos que hacer, por favor no digas nada, que ya todo está dicho, todo está hecho y en realidad solo rescataré de esto los recuerdos... pero nada más, en serio ¡basta!... ¡Por favor A... no me dejes solo!, y mientras él gritaba eso, ella se aleja rápidamente de él en dirección a su casa, hasta que cuando no había avanzado más de diez pasos, gira, y ve que él está en el mismo lugar, se acerca le da un beso y se arroja sus brazos, diciéndole: sé que no es amor, se que no es placer, sé que no es sufrimiento, sé que no es costumbre, solo sé, que lo que sea me mantiene atado a ti para siempre... Él rompió a llorar, y en su interior se decía: ¿cuándo dejará de construir bloque a bloque, esta pared tan grande que roza el cielo, pero que es tan frágil que se deshace con mis lágrimas? ¿cuándo dejará el arte más hermoso, más riesgoso, frágil y noble sobre esta tierra... el de mentir?...        


 

27/09/05

La verdad de un perro

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Todo giraba en torno mío, mis ojos parecían irse cada uno por su lado, mis piernas flaqueaban y se doblaban hasta el punto de creer que mis rodillas tocaban el pavimento. Todo era muy extraño, mi cabeza me laceraba profundamente, mientras mis labios tiritaban y un sudor frío bañaba mi cuerpo, en el día más caluroso de aquel verano. Sentía mi boca amarga y seca, hasta que de pronto comencé a tener esa indescriptible sensación de querer vomitar... Mis ojos se comenzaron a llenar de lágrimas, mi lengua parecía retraerse y esconderse dentro de mi garganta; comencé a emitir sonidos guturales, que nacían desde mi estómago y que irremediablemente luego morirían en el pavimento...
Veía gente transitar a mi lado, en realidad no las veía, solo veía bultos móviles y borrosos pasar cerca de mí, y yo desesperadamente buscaba algo a que asirme, algo, lo que fuese, ya que en ese preciso momento sentía que mi cabeza era demasiada pesada y que de un segundo a otro me iría de bruces contra la acera. Hasta que en aquel afortunado momento logré sujetarme de uno de los cientos de faroles color verdes musgo que adornaban la concurrida calle L... la cual era más que habitual para mí, ya que por allí siempre regresaba después de ir a... (*). El asunto es que en ese instante coloque mi mano izquierda sobre aquel farol, pero era inútil, irremediablemente sentía que me caería de un momento a otro, es por eso que pose mi mano derecha también, tenía las piernas entreabiertas y rostro miraba hacía el suelo... Y allí salió todo, vomité en más de tres instancias, y cada una de ellas parecía una verdadera erupción rauda y desenfrenada, hasta que ya no salió nada más; mi mente se comenzó a aclarar, mi visión se restableció, y mientras lentamente me erguía, la gente sorprendida me lanzaba miradas de reproche. La vergüenza me corroía por todo el rostro, me ruboricé hasta la incandescencia y huí rápidamente de ahí para perderme, en la vuelta de esquina de la calle R...     
Yo lo vi todo; fue realmente patético no tanto por el hecho de que hubiese vomitado en la calle a vista y paciencia de todo el mundo, sino por que en el preciso instante en que él comenzaba su grotesco espectáculo, un tiñoso y horrible perro negro lamía el vómito que caía al pavimento. Lo recuerdo bien era un día de verano, yo estaba como de costumbre sentado en mostrador de la confitería y miraba inquieto la escena. Realmente fue asqueroso, pero no había forma de sacar mi vista del espectáculo, el morbo me consumía y una extraña sensación de asco-placer me embargaba. Recuerdo que el sujeto se fue y el perro siguió ahí hasta que no hubo indicio de que alguien hubiese vomitado encima de la acera. Dudo mucho que alguien más se haya detenido a mirar tal acontecimiento, si es que se pudiese catalogar así... 
Es cierto, ese día fue malo para mí, el señor del restaurante no me había dado ninguna sobra y mi cuerpo me imploraba el comer algo; recuerdo que vagaba por la calle L... y vi como un hombre vomitaba, así que me acerqué antes de que algún otro más hambriento que yo, llegará a arrebatarme el vómito. Necesitaba comer y lo hice como en muchas otras ocasiones, aunque aquella vez tuvo algo particular, por que por lo general siempre lamo los vómitos de los borrachos y este vez era el de aquel individuo, el cual por lo rápido que se fue, dudo que allá estado alcoholizado. Accedí a contarles esto por que, muchos de ustedes (humanos) estarán pensando en lo asqueroso de esta historia, pero yo les demostraré que comparado con ustedes soy el más honorable ser. Sí es cierto comí todo lo que aquella persona vomitó ¿y qué? Tenía hambre y necesidad de hacerlo, y a decir verdad me gustó bastante. El punto es que esta bien acepto mi condición de mendigo, paria y parásito si quieren, ¿y acaso ustedes las asumen? ¿No son ustedes los que devoran y devoran, todo lo que regurgitan "esos" que crean sus modas, sus trivialidades y sus diversiones? ¿Acaso no son ustedes los que se alimentan de la vida y las entrañas de sus hermanos humanos? ¿no son ustedes los que pretenden justificar su vida por medio de cualquier cosa, hasta de la trivialidad más absurda? Al parecer no soy más asqueroso que ustedes, solamente por haberme alimentado con su vómito... ¡En realidad ustedes me dan pena! Por no ver lo débiles e inútiles que son... Es por eso y al contrario de lo que ustedes piensan, ¡ningún perro podrá ser nunca su amigo!, por que son ustedes los que nos dan asco...    

 (*)El autor a dejado este espacio.


06/09/05

Volar sin alas

medium_goya.jpegCuando el ocaso caía sobre las montañas, un hombre sentado a los pies de un roble escribía en su pequeño cuaderno: “estoy cansado de naufragar en nombre de los demás”, mientras toda la melancolía y la tristeza agitaban su corazón. Se sentía humillado otra vez, sus ojos miraban al cielo, que por esas horas presentaba aquellas exquisitas tonalidades veraniegas, un naranjo, combinado con rojo, azul y violeta, surcaban los cielos, era un espectáculo realmente maravilloso ver como esas pequeñas nubes parecían diluirse en la inmensidad y belleza del enorme cielo estival. El día cae, los brillos se van, las formas se confunden y todo se transforma paulatinamente en sombras, hasta que el atardecer lenta e irremediablemente se transformará en noche. El aún sigue allí, sentado a los pies de aquel roble, apoyando su  espalda en aquel viejo árbol, mientras las hojas y las ramas de este se contonean lentamente como si coreasen una hermosa canción de cuna.
No tardó mucho en que definitivamente la noche cayera sobre lo que antes había sido un hermoso día... la calidez del aire aún se sentía y la humedad comenzaba a brotar por sobre la hierba, una extraña y placentera mezcla de frescura y tibieza recorría su cuerpo... las primeras estrellas comenzaron a llenar el oscuro cielo, una por una las estrellas empezaron a tomar sus asientos ya reservados con anticipación aquella noche; la noche se abría frente él y la única ausente era la luna...
A esas alturas pocas cosas le importaban, aunque esas cosas sin importancia no pudiese sacarlas de su cabeza; hasta que todo cayó y él se derrumbó, cayó sobre su pena, sobre esa inseparable e inevitable pena, hasta que rompió la quietud de la noche con su sollozo... ¡estoy solo! ¡estoy solo! —gritaba— en medio de su desahogo. Caí y perdí y no fue mi culpa, ¿por qué?, todos me han hecho naufragar y yo no puedo hacer nada, todo es más grande y poderoso que yo, no lo entiendo, yo creía tener el control, ¿cuándo esto se derrumbó?, ¿cuándo esto se acabó?, ¿cuándo sucedió? Y ahora todos los que causaron esto, no son capaces de decirme que pasó... Quiero, alejarme de todo, no quiero estar con ellos, ni conmigo; quiero hablar, pero no quiero gastar saliva; quiero que me entiendan pero no quiero sacarme los sesos y pasártelos para que veas lo que pienso... aunque solo así sabrías lo que pienso; quiero estar solo, quiero huir, quiero correr, pero estoy tan cansado, que se me es imposible... quiero reír, pero no hago más que llorar, quiero volar y ser libre, pero lo que más deseo, es estar encadenado a todos, para que todos caigamos, tropecemos y vayamos al mismo lado y lugar... ¡No, miento!, quiero volar, si quiero volar, quiero surcan los cielos como un ave, quiero ser dueño de mi vuelo y de mi hambre, de mi vida y de mi muerte, quiero saber cuándo y qué hacer... Quiero volar, alto fuerte y dejar que el viento me guíe; cerrar los ojos y flotar por los cielo, y mientras nado a ojos cerrados, sentir como un bala atraviesa mi cabeza y mi cuerpo... Y todo por fin se habrá acabado...
En ese instante él sostenía el revólver con su mano derecha e introducía el cañón en su boca, hasta que un horrible crepitar lleno el silencio de la noche y el añoso árbol se tiño de rojo. Ya todo había acabado y el vuelo terminó con la estrepitosa e inexorable caída a tierra...