03/10/06

¿Por qué? (conversación a un orate)

medium_Little_crying_001.jpg¿Por qué cada vez que encuentro mi camino, lo veo desaparecer?
 -Es porque quizás nunca lo has buscado en realidad...
¿Por qué cada vez que soy feliz me amargo más?
 -Porque nunca has sabido lo que es ser feliz...
¿Por qué, cada vez que estás cerca, ya no estás?
 -Eso es simple, nunca me has querido cerca...
¿Por qué siento la lluvia caer tenue sobre mis días?
 -En todos tus días llueve, por que tu alma no vive
¿Por qué te siento más cerca cuando no estas a mi lado?
 -Porque no me tienes...
¿Por qué la contradicción embarga todos mis sentimientos?
 -Porque todo es contradicción...
¿Por qué alguien que te odia tanto (como yo) te puede amar de esta manera?
 -Porque no sabes que es lo uno ni lo otro...
¿Por qué cada vez que te echo vuelves una y otra vez?
 -Porque nunca lo has deseado de verdad...
¿Por qué no me matas sería todo tan fácil?
 -Porque no mataría el problema...
¿Por qué nada es fácil ni siquiera la muerte?
 -Porque tú lo complicas todo...
¿Por qué siempre tienes que responder cuando te pregunto?
 -Porque todo tiene respuesta.

 

¿Por qué nunca entendiste que lo único que quise fue un silencio y no una respuesta? ¿por qué nunca entendiste que muchas veces es mejor callar que hablar? ¿Por qué nunca entendiste que a veces la palabras no sirven de nada?
 -Porque nunca lo dijistes...

 

¿En esta conversación cuál es el orate?

21/08/06

¿Personas o puentes?

medium_puentes.jpg Alguien, “alguna vez” me confesó que creía fervientemente que las personas eran puentes... Yo no muy convencido refute su postura... Fue de aquellas discusiones en las cuales se “dice” que no hay ganadores ni perdedores, pero ciertamente yo me sentí mucho más derrotado que victorioso. Son pocas las instancias que pueda recordar tan nítidamente como aquella conversación; irónicamente no recuerdo el lugar, ni la fecha, pero sé perfectamente quién era aquella mujer y lo sorprendente de su confesión...
Ante todos, dejo algunos extractos —los que recuerdo más nítidamente— de esa conversación...
 
—¿Qué personas tienen importancia en tu vida? —pregunté a F(*)—.
—La verdad es que todas las personas que he conocido han sido importantes para mi vida y el curso que ésta ha tomado. —respondió—.
 —Sí, esta bien, comprendo que la suma de todos lo actos han dado como resultado la vida que cada uno tiene; eso es claro; pero como todos saben siempre hay hitos y momentos claves, en donde estás acompañado o simplemente esas personas importantes que lo son solo por el hecho de que los quieres, amas; ¿la pasión guía la representatividad que tengas de las personas ¿no crees? —pregunté—
—La verdad no lo creo. Y respondiendo a lo que me preguntaste anteriormente, te repito todas las personas han sido importantes en mi vida, hasta tú, que estas sentado al frente mío ahora. Lo que no pareces comprender es que cada persona es un puente...—dijo—.
—¿Un puente? ¿Te refieres a la alegoría infinita de atravesar un puente, inacabable como el ser humano?—pregunté—
—La verdad no. Me refiero a que cada persona en mi vida, en la tuya y en la vida de todos, es un puente que hay atravesar, contemplar y finalmente dejar, para encontrarse con otro puente o sea otro persona...—contestó—
—Si creo entender lo que me dices, el atravesar esos puentes te dejaría sin arraigo por siempre, o sea ¿siempre estarías sola?. La verdad veo que eso es utilizar a las personas y cuando ya no sirven buscar otra persona, para satisfacer otra necesidad y así ¿seguir avanzando perpetuamente?—interrumpí—
—¿No has logrado entender nada de lo que te he dicho, por qué crees que pasa eso?
—No lo sé…
—Si lo sabes, es por que tú lo haces y me lo tratas de enrostrar a mí. Pero la diferencia y el punto de partida está en un ejercicio simple, observa... La persona más importante, como te gusta decir, a tus 2 años era tu madre y después alguna pareja y así, conociste a muchas personas, algunas se alejaron otras quedaron, y no las dejaste por que no las necesitabas, si no por que el tiempo para aprender y aprehender que tenemos de otros es limitado. Por eso hay puentes más largos y otros más cortos; algunos más tortuosos y otros más llanos. Cada persona que se puso en tu vida estaba encomendada, para que tú aprendieras algo de ella y ella de ti... Lo cual no significa que esa persona sea más importante que otra o que estés con ella por siempre... hay personas que no las ves más pero les guardas un amor enorme y otras que las vez día a día y te repugnan. —me dijo—
—Me estas hablando de algo así como el destino? —pregunté intrigado—
—No lo sé, pero las personas que han pasado por tu vida, no importa que hoy las odies o no les hables, tuvieron importancia en un momento y tu existencia no sería como es ahora sin ellas... Hay puentes que nunca atravesarás, pero hay otros en los cuales sabes que tienes que atravesar de una vez por todas, aunque no te quieras dar cuenta... —respondió casi exhausta—
 —¿Necesitas hablar de puentes si simplemente me quieres decir que te cansaste de mi?—inferí con sorna—
—No sé, por que no te has dado cuenta que el único puente que no quiero terminar de atravesar es el tuyo... Y lo único que te pido es que “el gran puente” que sostiene mi vida lo atravieses conmigo? ¿por qué no te das cuenta? ¿Qué quieres que haga?—mientras me miraba con los ojos llenos de lágrimas—
—Nada...
 Desde ese día nunca más he visto a F. Lo más gracioso y penoso a la vez, es que ya pasados no sé cuantos años, me doy cuenta que el único puente en el cual no alcance a poner ni un solo pie fue en ella y en su vida...


(*) Con amor a Felice.

24/04/06

Un éxodo inconcluso


Son exactamente las cinco cuarenta y siete de la madrugada, al menos así lo marca el grosero reloj amarillo que está en el suelo, al lado de mi cama y junto a una gran gama de artículos que pasan desde libros, monedas, una taza de café, hasta mis lentes.

 Es tan rutinario esto que se me es imposible decir que es “horrible”, desagradable, o cualquier apelativo de esa índole, ya que esto ya es parte de la normalidad de mi vida. Lo más seguro es que hoy al igual que todos los días que han pasado, no vuelva a quedarme dormido otra vez. Así que lo mejor que puedo hacer es pensar en algo sin importancia y esperar la hora en que me tengo que levantar y ver a M...
 Toda efecto tiene su causa y si en estos instantes pienso sobre cual es la causa de esto, puedo llegar a la conclusión, de que nada es mono-causal y como siempre lo he sostenido son muchos los factores que influyen en algún suceso y quizás lo que siempre señalamos como causa, es lo que “detonó” el efecto, pero no la(s) causa(s). Pero irremediablemente siempre cuando trato de sacar algo en claro me encuentro en la difícil y ridícula posición de sostener que una sola persona tiene gran culpa mejor dicho toda la culpa... No es cosa fácil hablar y menos decir lo que se siente, desea o duele, y por ello, a veces parece más fácil callar; y a decir verdad es una de las lecciones más grandes y dolorosas que he tenido que aprender, porque en muchas ocasiones es mejor callar... Cuando M... me pregunta ¿qué te pasa? ¿estás bien? Siempre respondo que nada y que estoy bien, ¿Y por qué? ¿para qué gastar saliva en decir algo que nadie quiere escuchar y de lo que nadie podrá entender en su totalidad?. De qué le serviría saber a M... que tengo una úlcera de unos dos centímetros en una de las paredes de mi estómago y qué es por eso que despierto cada madrugada después de haber dormido tres horas, que no puedo comer ni beber nada por que me duele, me molesta y me niebla un dolor pequeño pero certero... Que es por eso que he perdido cuatro kilos en un mes y que solo puedo tomar sales para evitar la deshidratación y comer solo cosas livianas, y a pesar de eso el dolor no decae...

 Si le llegase a contar eso a M... esta bien, me “liberaría”, pero inmediatamente nacería la compasión y no la comprensión, ya que si bien nadie puede sentir lo que otra persona siente, por lo menos si estas conectado emocionalmente con alguien puede compadecerse sinceramente de ti eso quizás sea alguna especie de amor, pero tampoco lo ratifico taxativamente... Y si se lo dijera, vendría la “magistral pregunta” ¿Y por qué te salió una úlcera? Y la magistral respuesta sería es una úlcera nerviosa... Causada a pesar de lo escueta de mi vida, por todo lo que he callado, por todo lo que he otorgado y por todas las preocupaciones, penas y frustraciones que no he sido capaz de exteriorizar... Por todo eso día a día lucho por moverme, de tener abiertos los ojos, de aferrarme a algo y de tratar de sentir lo menos posible la llama que parece nacer en mi estómago y recorre irritando todo mi esófago, haciéndome una enorme y noble tarea tratar de tragar algo... Un ardor continuo y punzante que parece como si me faltase aire y que se incrementa cuando cae la noche...
 
 “La sexta plaga parece haber caído sobre mi, las úlceras están dentro mío y aún restan cuatro para poder liberarme(*)” falta aún, para poder emprender mi éxodo hacia un lugar mejor.
¿Qué lograría contándole a alguien lo que me pasa? Si M... me pregunta y yo no le respondo es por que en realidad no lo quiero hacer. Basta con que lo sepa F... que en realidad es una de las pocas personas que tiene importancia, porque a pesar de que nunca pueda saber y comprender lo que me pasa o siento, y viceversa; siento que si alguien hace (o trata) de hacer un esfuerzo sincero por entenderme es F...; y quizás ese tratar de entender sincera y humildemente a alguien, sea amor... Y solo a su lado podría emprender un viaje exitoso y verdadero, solo con ella podría concluir mi nuestro definitivo éxodo, hacia nuestra tierra soñada prometida...

 


(*) Véase la Biblia, Antiguo Testamento Éxodo 9,8. Sexta plaga: las úlceras.
        

22/10/05

En el desierto

Un Sabio hombre partió un día al desierto, al más árido del mundo, llevando solamente agua para 5 días, además de tres panes para pelear el hambre del que tendría que dar cuenta, por que un sueño así se lo había indicado.
El día antes de emprender su viaje, mientras dormía soñó que a su lado caminaba una oveja blanca y que luego ambos bebían agua de la misma botella... El sueño perturbó mucho al Sabio que lo tomó como otro designio del destino, es así como éste decidió llevar a una oveja de su rebaño, justamente la única blanca que tenía.medium_desiertodesolado600.jpg
El rumor de que el sabio partiría al desierto se extendió rápidamente por el pequeño poblado, nadie entendía nada, a todos les parecía que el Sabio definitivamente se había vuelto loco, uno afirmaba “es una locura ir al desierto sin motivo aparente... y además se va con una oveja, definitivamente nuestro Sabio se volvió loco”, mientras el más anciano del pueblo le decía: “a veces tienes que entender, que no hay nada que entender”.
 Es así como un día, cerca del mediodía el Sabio emprendió su travesía; llevaba su oveja por un lazo que iba amarrado a su mano derecha y en su espalda cargaba un pequeño bolso de cuero de res, en donde se encontraba el agua y su alimento. Varios en el pueblo lo vieron partir, la mayoría se mofaron de su antiguo Sabio, pero el seguía incólume su camino hacia el desierto, mientras el más anciano decía: ¡que Dios te acompañe!
El primer día de travesía por el desierto pasó sin mayores inconvenientes, solo llegada la noche el Sabio se detuvo a descansar junto a su oveja; bebió agua y comió un pan, mientras contemplaba el firmamento que se extendía lo largo de todo el cielo, no podía dejar de preguntarse, ¿cuándo llegará mi turno de convertirme en una de aquellas estrellas?...
Al otro día se despertó muy temprano y emprendió de nuevo su travesía, el sol comenzaba a aturdirlo, mientras la oveja lentamente no podía seguir sus pasos y se detenía con mayor frecuencia. A la mitad de la tarde sus piernas no daban más y se sentó sobre la arena caliente, mientras la oveja jadeaba rápida y desesperadamente... El Sabio quedó rendido bajo aquel sol y durmiómedium_atardecer-desierto-atacama.jpg hasta muy entrada la noche, en donde despertó como después de una larga y tormentosa pesadilla, se comió otro pan y tomó mucha agua, al acabar, se dio cuenta que las provisiones de agua y alimento no durarían más allá de un día... Y al igual que la noche anterior miró el firmamento, y se preguntó ¿a que he venido al desierto? Después de lo cual se dispuso a dormir sobre la arena.
Se despertó con el sol quemándole el rostro, de hecho ya no es muy temprano y se siente muy cansado y sediento, así que decide comer y beber la mitad de las provisiones que le quedaban, después de esto emprende de nuevo su viaje; pero ahora con una tremenda dificultad, la oveja apenas se mueve y tiene que luchar a cada paso para que esta se mueva. Avanza, pero muy poco, el día se le hace infernal y por primera vez desde que partió su viaje piensa que lo mejor era nunca haber emprendido aquel viaje... Por fin la noche cae, la oveja no da más de sí, y cae extenuada sobre la arena, mientras el Sabio procede a servirse el último trozo de pan, y al igual que los días pasados mira al cielo y se pregunta ¿por qué tuve que traer a esta oveja?... Y cuando estaba apunto de beberse la última ración de agua, escucha la respuesta que proviene de una voz ovina, que le dice: ¡por que solo no hubieses venido! El Sabio queda sorprendido y se ríe, pues piensa que su mente le está jugando una muy mala broma, pero la misma voz tembleque le dice: y has venido al desierto a darte cuenta de que estás condenado. El Sabio mira estupefacto a la oveja y esta lo mira con la mirada noble y transparente de los animales y le dice: ¡y te convertirás en una de esas estrellas cuando comprendas tu condena! ¡Cállate tú no sabes nada! Eres simplemente un animal, un simple y estúpido animal -dijo el Sabio- Sí, un simple y estúpido animal que te hace dudar y que te vino hacer compañía, sin pedir nada a cambio, sin oponer ninguna resistencia, que solo te quiso mostrar lo que nunca has querido ver... ¡No es cierto! ¡Tú no tienes razón y nunca podrás tenerla, por que tú no hablas! ¡Oh! por Dios estoy discutiendo con un animal... debo tranquilizarme -se decía el Sabio-. No necesitas tranquilizarte, solo me necesitas a mí, ayúdame, tú eres el único que puede hacerlo, dame esa agua que te resta y nunca te abandonaré, y mañana iremos al más hermoso Oasis que nunca hayas visto, medium_tun_20gabes_20oasis_20sand-dunes_b.jpg¡Bebamos de esa agua juntos, de la misma botella como fue en tu sueño! ¡bebamos juntos como en tu sueño! No, cállate no compartiré mi agua contigo y tampoco te hablaré más -decía el Sabio-. Si no me das algo de agua moriré esta noche y te quedarás solo en medio de este desierto, dime ¿qué harás sin mi?, te ofrezco un Oasis por un poco de agua y un poco de tu piedad, por favor... ¡No!, esa es mi última respuesta, solo me estás engañando con lo del  Oasis, tal Oasis no existe... Y a ¿qué crees que has venido a este desierto? No lo sé -dice el Sabio que juega con la arena que tiene tomada en su mano derecha-, no lo sé y en realidad... y no me intere... ¿Así que no te interesa? ¿Entonces por que seguiste a tu sueño? ¿Por qué me trajiste hasta aquí? ¡Dime! ¿Por qué?, bueno entonces te lo tendré que decir yo, vienes a aprender la única lección que nunca hubieses aprendido si no fuera de esta forma; vienes aprender que puedes ser un sabio, que puede que tus conocimientos sean superiores a los de los demás, que en cierto modo eres autónomo, que no necesitas nada más a parte de ti, pero que a pesar de eso no eres libre... ¡Pero si yo soy libre! Siempre he hecho lo que he querido, vivo a mi manera y doy respuestas a quien viene a preguntarme, por que soy muy Sabio, he aprendido mucho viviendo y viendo a las otras personas, sé más que ninguno en mi poblado...
La oveja lo mira tierna y largamente, no eres Sabio por que aún no ves lo evidente... Necesitas a los demás, sin los demás tus reflexiones no tendrían sentido, los necesitas aunque sea simplemente para verlos desde tu altura de “Sabio”, para reírte de ellos o simplemente para no sentirte huérfano, en este mundo en el que solo eres un actor más dentro de la inmensa comedia terrestre, sí comedia, no eres más que un estúpido bufón que corre en un mundo definido y preparado por Dios... Él es el que se ríe de todos nosotros, pero en especial de aquellos que se creen con poder o con sabiduría, se ríe de aquellos que se creen libres y dueños de su vida, y por sobre todo en este instante se ríe de ti... O sino ¿que significado crees que tuvieron tus sueños? Ninguno, el se río de ti y de mí, hemos venido al desierto a morir... pero quizás  haya una esperanza, bebamos agua de la misma botella, como en tu sueño y el Oasis será nuestro, yo igual lo he soñado, que bebíamos juntos y que al otro día nos bañábamos y bebíamos agua en un hermoso Oasis, créeme, es nuestra única salvación... ¡No! ya te lo dije, no compartiré mi agua contigo... Muere de una vez por todas y déjame solo...
¿Y tú crees que no morirás? Vamos dame agua y los dos nos salvaremos... El sabio se quedó largamente mirando la arena y dibujando sobre ella con su dedo índice, respiró profundamente y le dice a la oveja que sí; lo he pensado y seguiré el designio de mi sueño, todo esto tiene algún sentido y solamente debo esperar un poco más; está bien beberemos juntos... Y si tú me has dicho la verdad mañana estaremos bebiendo en un Oasis... ¡Gracias!, mañana verás que tuve razón y viviremos, te lo aseguro. Y así bebieron los dos juntos agua de la misma botella, hasta que no quedó ni una sola gota, los dos extenuados se durmieron al rato después, sin decirse nada...
Al despertar por la mañana el Sabio se sentía dichoso, por que por fin había entendido lo que la oveja quiso decirle ayer en la noche, ya había aprendido su lección y la lección solo podía transformarlo en alguien más sabio. Es así que junto a la oveja comenzaron de nuevo su viaje que los llevaría al Oasis, la oveja desde la noche anterior nunca más habló y tampoco el Sabio nada le preguntó...
Las horas pasaban lentamente hasta que el Sabio cae rendido sobre la arena, mientras la oveja parece más muerta que viva y el sabio indignado le grita a la oveja, ¡dime! ¿donde está tu Oasis? El animal lo miró débilmente y dio un balido estremecedor, y el Sabio se colocó furioso y le gritaba ¡háblame, háblame! ¡Vamos oveja estúpida háblame! Y la oveja lanza otro balido, pero esta vez muy débil; y el Sabio ya fuera de sus cabales se lanza contra la oveja y le grita “en su cara” ¡háblame, háblame, vamos, di algo! Pero la oveja lo mira con ojos vidriosos y lanza ya un agónico balido... El Sabio llora desconsoladamente y mientras toma a la oveja por el cuello, ahorcándola y zamarreándola de un lado a otro, le grita: ¡muere oveja, muere, de una vez por todas! Hasta que la oveja deja de luchar y de respirar; es allí donde el Sabio suelta a la oveja y se sienta sobre la arena, llorando, y con los brazos alrededor de su cabeza que se encuentra sobre sus rodillas, mientras se dice: ¡este es el acto final de esta absurda comedia!, ¡ojalá Dios te hayas reído mucho de éste, tu bufón!... Gracias por esta, tu hermosa condena...

 

21/10/05

El distrito 54

medium_ppp.jpgEra un 24 de marzo del año 2039, era un día oscuro, el cielo estaba encapotado, y la lluvia se hacia inminente, una fría brisa corría sobre nuestra ciudad, mientras la mayoría de las personas se dirigían a sus hogares luego de una larga jornada de trabajo. Eran cerca de las ocho y paulatinamente comenzaron a caer las primeras gotas de agua sobre mi cabeza. Yo estaba en la esquina de las calles M... y S... esperando la llegada de los Señores, en unos 2 minutos ellos tendrían que estar ahí, se trataba de cinco hombres de avanzada edad que se reunían todos los días martes, para discutir un asunto en particular, pero ese día era viernes y sin duda algo extraordinario había acontecido, pues unas dos horas antes recibí un llamada que me comunicaba que tenía que presentarme hoy a las ocho de la tarde en el lugar de siempre. La situación me tenía lleno de congoja, no entendía que había pasado y la angustia me consumía por completo, debe tratarse de algo delicado –pensé–, y así fue.
Ya eran las ocho y en la calle M... se detiene un taxi y lentamente se baja de el, el Sr. K., que como de costumbre y al igual que todos los miembros del grupo llevaba un impecable traje de color negro, y en la solapa de este, una pequeña insignia de no mas de cinco centímetros de largo y 4 de ancho de fondo negro, en la cual estaba bordada con rojo el número 5.
Después del arribo del Sr. K., fueron llegando sucesivamente los demás Señores, y cada uno de ellos entró a el lugar donde siempre se juntaban; no se sorprenderán cuando les cuente que este lugar es una conocidísima tienda de nuestra ciudad, en la cual los señores entraban uno a uno, a un pequeño ascensor ubicado justo detrás del probador de la sección de hombres, en el tercer piso de la tienda, en donde el encargado ya había sido prevenido de sus visitas con anterioridad, con lo cual aquel probador (para ser más preciso el número 5) estaba desocupado.
En aquel probador el vidrio se tenía que mover un poco hacía la izquierda y luego se tiraba, y he ahí un pequeño ascensor, que no medía mas de un metro setenta, de ruinosa apariencia y sin puerta, de suerte que todos los señores medían menos de un metro setenta, por lo cual su viaje hacia el techo era “cómodo” y rápido. Es así como todos los señores subieron por el ascensor y se colocaron en el techo de la tienda, el cual era un gran sala diseñada completamente de vidrio, por lo cual la vista de la ciudad era impresionante; había una gran mesa redonda de color negro, con cinco sillones y una pequeña mesa ubicada en la esquina derecha de la sala donde habían muchos licores. Una vez todos los señores ubicados, me fue a buscar el señor encargado de la sección de hombres, para que subiese hacia donde estaban ellos... Bueno y así lo hice...
Siempre que entraba ahí me impresionaba el hermoso alfombrado de la sala de un color azul oscuro, además ese día el sonido de la lluvia golpeando los vidrios otorgaba al ambiente un aspecto siniestro. Cuando ya estuve allí, el Sr. Samsa me pasó un lápiz y un pequeño cuaderno de tapas amarillas, en el cual siempre escribía lo que se discutía en las sesiones. Por supuesto yo no podía sentarme con ellos, por que no era más que un simple escribiente, por lo cual todo lo que escribía lo tenía que anotar sentado en el piso... lo cual en un principio me incomodó, pero luego lo acepté, ya que era obvio que el solo hecho de estar ante y entre ellos era un privilegio...
El ambiente estaba muy tenso, como nunca lo había percibido antes, el Sr. Samsa empezó con secas y claras palabras: señores los he citado, por que tenemos que tratar un asunto serio y de lo que se resuelva aquí dependerá la continuidad de nuestra obra. Estamos en antecedente que dentro de muy poco tiempo, a nos más tardar de dos días estallará una revuelta en le distrito 54, liderada por un tal “Anibal”, que tiene como intención de quebrar nuestra institucionalidad y crear lo que antiguamente se le conocía como “revolución”; ¡no podemos permitir que esto acontezca!, ya que si llegase a pasar de seguro no quebraría nuestro régimen, pero sería caldo de cultivo para muchos intentos de “liberación” por parte de los otros distritos. Según mis fuentes, el motor de esta mal llamada revolución sería la democracia, que a mi modo de ver será más que la “dictadura del pueblo”. En ese momento terminó de hablar el Sr. K. y sentí que mi corazón se contraía, mientras un escalofrío recorría mi cuerpo. ¿se romperá la institucionalidad actual? ¿cómo solucionaran esto los señores?. De pronto el más anciano de todos, el señor F. dijo que el concebía solo dos soluciones, matar al tipo (a  Anibal) o extinguir a todo el distrito, las dos soluciones representarían un castigo ejemplificador y coercitivo, para cualquier tipo de sublevación que pensase realizarse en otro distrito. Después de escuchar al Sr. F. todos movieron sus cabezas lentamente en señal de asentimiento, lo cual significaba que solo quedaba la votación de las dos probables soluciones.
El  Sr. K. señalo: Bueno yo creo que las alternativas están claras, no hacen falta más palabras, ni reflexiones, ha llegado el momento en que votemos, el que esté de acuerdo con matar al líder que levante su mano... yo estaba mirando expectantemente desde el suelo. El Sr. K. y un señor más votaron por esta opción; luego el señor K. dijo: los que estés de acuerdo con la eliminación total del distrito, levanten la mano, el señor F. y dos señores más levantaron sus manos... No lo podía creer iban a matar a todo el distrito 54 y yo anotaba la drástica decisión... Entonces el señor Samsa dice, ¡que así sea!, mañana todos los habitantes del distrito serán aniquilados, se dispondrá en el centro de distribución de agua la contaminación de todo el agua de dicho distrito... Eso será esta noche y mañana a las seis de la madrugada en punto, un contingente de mil quinientos hombres de nuestro ejército eliminarán a todos los probables sobrevivientes. –No podía creer lo que mis oídos escuchaban, mis manos temblaban y mi mente no podía dimensionar, ni asimilar lo que estaban escuchando–.
Luego los 3893 —según las cifras que manejamos— cuerpos serán recogidos por nuestros soldados y serán llevados a la antigua fabrica ubicada a las afueras de la ciudad, donde serán cremados... el único recuerdo de su existencia será el hedor que salga de la fábrica... Bueno Señores –dijo el Sr. K.–, ¡que así sea!, y todos igualmente dijeron: ¡que así sea!..
No podía comprender nada, ¡un distrito completo desaparecería por que ellos lo determinaron así!, esto no puede ser verdad, algo tengo que hacer, de alguna manera tendré que advertirle a esas personas... Y en ese preciso instante el Sr. F. me queda mirando fija y furiosamente, y dice. ¡señores, él  lo sabe todo!, ¿no nos traicionará?, no confío en él, ya que el no es uno de nosotros... El Sr. K. se acerca a mi, mirándome hacia abajo me pregunta: ¿ya terminó de anotar todo? A lo que yo le respondo temblorosamente que sí, entonces él me estira su mano para que le pase el cuaderno, lo cual hago inmediatamente, y al tomar el cuaderno me dice: ¿y el lápiz no me lo devolverá?, no respondí nada y solo se lo pasé, mientras me sentía terriblemente avergonzado. No señores, el no dirá nada, el es “el menos capacitado, el más ignorante y el más cobarde hombre en toda esta ciudad” —dijo el Sr. K.— si no logra tener una vida propia con sentido, menos lograra salvar otras que le son ajenas... Señores, él no se salva ni a sí mismo, menos podrá salvar a un distrito entero. Todos los señores asintieron suavemente con la cabeza, y me miraron con repudio por un momento. Luego todos se acercaron lentamente al ascensor y descendieron uno a uno, el último en bajar fue el Sr. F. que antes de irse me dice: nos vemos el martes. No lo creo –dije casi sin mover los labios–. ¡que así sea! Dijo el viejo con una pequeña sonrisa en sus labios...
El Sr. K. se fue y quedé solo en aquella sala, mi mente se encontraba en una gran disyuntiva, no sabía que hacer... Sentía que yo era el único que podía salvar a toda esa gente, sobre mis hombros estaba depositada la vida de miles de personas... ¿qué puedo hacer? Si voy al distrito y le digo a las personas que escapen, nadie me dará crédito, o en el mejor de los casos pensarán que estoy loco, ¡nadie me creerá! En ese instante él se levanta del piso y se acerca al sector poniente de la sala, apoya su cabeza contra el vidrio, y sus ojos comienzan lentamente a llenarse de lágrimas, hasta que irremediablemente empieza a llorar... Y se dice: allá lejos, esas miles de luces que se ven allá a los pies de ese cerro, mañana no estarán, todo ese distrito morirá, nadie quizás se entere, yo habré sido él único que pudo haber hecho algo... Pero no puedo hacer nada... ¿tendré que cargar por siempre con esta culpa?, ¿pero culpa de qué? Culpa por no haber hecho nada....
medium_lluvia_ventana.jpgLas gotas de lluvia golpeaban fuertemente el vidrio, mientras este se empañaba por su lenta y cálida respiración; lloró por un rato más, se secó las lágrimas y mientras se encontraba frente del ascensor, su rostro tomó un rictus de seguridad impensado, sus ojos irritados por el llanto adquirieron una expresión recia y decidida, él ya había tomado una decisión... y se dijo casi con desesperación: ¡que así sea!...
Al día siguiente su cuerpo fue encontrado colgado en un árbol en el distrito 54, por los soldados que recogían los cuerpos en el distrito; en su pecho había pegada una nota, en la cual los soldados encontraron escrito: “Aquí yacen 3893 personas muertas y un cobarde...”