14/11/05

Carta de Josef Kafka a Milena

 14 de noviembre de 1931

Milena: 
     

Dicen que las cosas nacen, pasan y mueren, las personas, las situaciones, las relaciones, los sentimientos y por sobre todo las palabras... Todo acaba, aunque uno se resista, todo tiene su ciclo y su “fecha de vencimiento”, pero la mayoría de las veces no nos percatamos de esa fecha y las cosas nos terminan haciendo mal y hasta enfermándonos, es ahí como si nos diésemos cuenta del mal olor e inclusive de la putrefacción que es arrojada al ambiente y que de pura terquedad, no quisimos darnos por aludidos, hasta que el hedor es insoportable y nos produce náuseas horribles, terminamos por vomitar y vomitar con tal fuerza que nuestros estómagos pareciesen darse vuelta y salir desde nuestro interior. Son ráfagas de dolor, porquería, mal olor, pero por sobre todo de desahogo. Nuestra convulsión interna parece terminar y como no hacía en mucho tiempo, nos sentimos aliviados, es verdad, mareados, cansados y mal olientes, pero aliviados... el descanso y el sentimiento de “ya no está dentro mío” nos alivia aunque sea por ese pequeño momento.
 Cuando pasa esto, obviamente hace daño, pero qué daño más grande, el que hacerse el idiota y no darse cuenta de la fecha de vencimiento. Qué mentira más grande que la de engañarse a uno mismo y que acto más noblemente patético a la vez...  A veces pienso que cuando alguien pide a una persona que haga una cosa o que deje de hacer otra, es en verdad que se le pide al otro lo que uno no es capaz de hacer... A veces los defectos que “veo” en el otro en realidad no son sus defectos, sino son los míos proyectados en él y como yo no los puedo cambiar en mí, pido al otro que lo haga por mí... es decir, me voy resignando en lo que yo quiero que el otro sea y así quedo libre de lo que yo en verdad tendría que ser, es así como sigo igual, sin cambiar mis defectos y mis limitaciones. Es por eso que puedo hablar perfectamente de tus defectos, por que en realidad son los míos, quien mejor que yo los reconoce, los siente y los vive. Y allí entran al escenario las palabras, me dices que haga lo que tú misma no fuiste capaz de hacer y por eso quieres que yo no lo haga. Pides y pedimos lo que no somos capaces de dar y así puedo (puedes) escandalizare e indignarme cuando haces algo mal o cuando haces lo que no quería que hicieras, por que ahí veo reflejado mi propio error y mi propia traba, mi propia imperfección y mi propia bajeza...
A veces el preferiría que no lo hicieras, en realidad es preferiría no haberlo hecho y no haberme equivocado así... ¿y qué se me equivoco igual que tú? Por qué me dices que quieres la verdad si siempre que la tuviste enfrente tuya nunca la quisiste ver... No me digas que no te lo dije, por que tú misma me decías que no te lo dijera, tú eras la que nunca se quiso dar cuenta de que la fecha de vencimiento había expirado hace demasiado tiempo... ¿Y ahora vienes a decirme que haga lo que tú quieres que yo haga? Vete, así es mejor, nunca comprendí como pude desear algo que nunca tuve en verdad, nunca comprenderé como tuve algo que ni siquiera tú sabes que existe...
Pero lo peor de todo, es que te comprendo, te entiendo... A mi un millar de veces me ha pasado lo mismo, es por eso que dentro de todo esto, a pesar de lo mediocre, opaco, impuro e imbécil que resulta todo esto, quiero estar a tu lado, por que si voy a seguir jugando a ser y no ser a la vez, indudablemente prefiero hacerlo contigo (*)... 

 

(*) Gracias Milena, por que aunque nunca estemos juntos, tu recuerdo siempre estará y vivirá conmigo.


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