30/11/05

La transfiguración “apostólica” en Dostoievski

medium_otero72a.jpgCerca de los veintisiete años Dostoievski entra en un periodo por decirlo menos complicado de su vida; apremiado por sus acreedores, reñido con sus amigos y con una carrera literaria que iba en descenso, luego del gran éxito alcanzado algunos años antes por medio de su obra “pobres gentes”, su vida parecía ir en una irrefrenable “caída”.
Es por aquellos años, para ser más preciso en 1847 cuando Dostoievski comienza a hacerse partícipe en un grupo de crítica “subterránea” al gobierno, el cual se juntaba periódicamente, a discutir obras literarias, además de la tiranía, la censura, el poder político del clero ortodoxo, la miseria de los campesinos, etc. Estas veladas a pesar de su carácter secreto, eran bastante “comentadas dentro de los círculos intelectuales”, y es así como Bakunin comentara a este respecto que eran unos “anodinos desocupados que hacen socialismo literario”.
Un día debido a la irresponsable confianza de los partícipes de estas reuniones, se unió a ellos un italiano, el cual posteriormente resultaría un espía del gobierno, el que preparó un extenso informe acusatorio sobre cada uno de los que allí participaba.
Es así como en abril de 1849 en una de sus tantas reuniones se pactó la publicación de un diario clandestino, el cual promoviera sus ideas; luego de aquella reunión que sobrepasó la medianoche todos los asistentes se retiraron a sus hogares, aquella noche había mucha niebla y llovía. Dostoievski llegó a su habitación cerca de las cuatro de la mañana y se acostó sin desvestirse. Luego de una hora, la puerta de su habitación es derribada y un gendarme le ordena que se de preso. Luego de aquello es llevado a la fortaleza de Pedro y Pablo, en San Petersburgo, donde se encuentra con los demás partícipes del grupo.
Es el 16 de abril de 1849 y Dostoievski es encerrado e incomunicado en un calabozo, oscuro y húmedo. “Estoy prisionero, y no sé por qué. No he cometido ningún crimen, y con todo, sin ver la luz y privado de mi libertad, me siento ahora ¡más libre que nunca!”. Es desde allí donde ocurre la transfiguración más importante y clave en la vida y en el arte de Dostoievski. Es como si el destino siniestro del cual era parte en ese instante viniese a salvarlo de las deudas y de los problemas, pero quizás eso no fuese lo más importante, ya que fue como si el destino viniese a redimirlo y a mostrarle la senda que debía seguir, a través del sufrimiento y el dolor encontraría la redención. El destino vino a enseñarme “que el Todopoderoso me envió a esta prisión para revelarme aquello que más vale en la vida, y sin lo cual no podemos vivir: la justicia del pueblo”. Bajo la influencia de aquellos estados mentales es como Dostoievski se transformó en un “apóstol bíblico”.
El proceso del caso duró hasta agosto de 1849, donde se encontraron inocentes a los inculpados, pero el Zar Nicolás I por medio del ministro del interior pidió que se revisara el caso, lo cual arrojó que en segunda instancia de los 28 acusados que habían sido absueltos, ahora siete de ellos fueran condenados a trabajos forzados en Siberia, siete liberados y los otros quince condenados a muerte. Luego esta sentencia fue nuevamente revisada, quedando todos condenados a muerte por el auditor general, eso sí el cual recomendaba al Zar, “que se conmutará la pena a trabajos forzados en Siberia a todos”. Lo cual sucedió, pero ninguno de los acusados lo supo.
Eran los días de navidad, exactamente el día 22 de diciembre al alba los sentenciados fueron trasladados al cuartel regimental Smenosky, en donde “los hicieron apearse de los carros blindados, y se les fue alineando contra el basamento de una gran plataforma patibularia, frente a la que se extendía una enorme explanada del campo de ejercicios militares, cuya muralla, a distancia, se veía coronada de curiosos: una multitud se había reunido misteriosamente, con ese instinto con el que las moscas presienten un muerto. Rompiendo el silencio de la madrugada, se pasó lista a los condenados. Después de un angustioso silencio una voz monstruosa, titubeante y tartamuda, fue leyendo el veredicto. Tras leer la sentencia de cargos y el nombre de cada condenado, resonaba la pena fatídica: ¡a muerte!. Así oyó Dostoievski su propia condena (1)”. En ese instante reflexionó sobre la “gracia” (don) de la vida, apreció el vivir para fructificar. ¿Y si no muriese? ¡entonces cada minuto sería una existencia nueva! No perdería ninguno y los contaría todos para no malgastar ni uno solo... Y de pronto sobreviene el milagro, y una voz distinta a la que los condenaba dice: “en su infinita clemencia, su majestad emperador les perdona la vida...”
Allí Dostoievski, comienza su resurrección y tras esa experiencia, ya no cabía duda, todo lo sucedido había sido por intercesión divina. No importaba ser condenado a trabajos forzados en Siberia, o el hecho de tener que andar engrillado de los pies día tras día, nada importaba, tenía una vida nueva que le había sido regalada por gracia. Sería en Siberia donde su única compañía sería un Nuevo Testamento, lo cual indudablemente marcó su vida y su obra. 
Todos lloraban todos estaban abatidos después de la simulación de sus propias muertes, menos Dostoievski que le escribía a su hermano: “ no estoy abatido, ni he perdido el valor. La vida es la vida dondequiera que haya un hombremedium_kkk.jpg vivo junto a otros y reside dentro de nuestros corazones y no dentro del mundo que nos rodea... (...) el mantenerse firme en cualesquiera circunstancia, sin cobardías ni titubeos, eso es ser hombre y vivir (2)”. De allí en más, Dostoievski no dejaría su fe, aunque siempre se debatía con ella y de ese debate nacerían sus mejores y más bien logradas páginas como (sólo por dar unos ejemplos) la conversación con el diablo que sostiene Iván Karamazov, en los Hermanos Karamazov o la (a mi criterio) autobiográfica redención de Rodion en Crimen y castigo. Quizás a muchos inquiete e inclusive moleste “el escape religioso” de Dostoievski, y esto debido a que no muchos conocen la transformación que vivió éste por una experiencia tan fuerte como la anteriormente descrita, ya que si bien no se puede estar de acuerdo con la salida religiosa que propone Dostoievski, es innegable que es allí donde nace y reside toda su fuerza, en la contradicción. La contradicción de un hombre atormentado y agradecido de una vida que en un instante de su existencia pensó que se le escapaba...   

 

Notas:

(1) Millán, I. (1960). Estudio preliminar en Novelas y cuentos: Dostoievski y Tolstoi. Clásicos Jackson. Buenos Aires. Pág. 23.
(2) Íbid. Pág. 25.           

28/11/05

Poder, como inclusión y exclusión

medium_kafka2.jpg¿Hay un servicio de control? —pregunta K. al alcalde— solamente un extranjero puede hacer una pregunta así, ¡Todo es un servicio de control en el Castillo! (1) ” ingenua y sagaz a la vez, la pregunta del protagonista del Castillo, ya que en aquella obra como en nuestra modernidad, no podemos distinguir que nos controla y que no. Qué es diversión y que es un dispositivo de control, quién sabe lo que hago o compro: por que hoy por hoy, todo está en “línea”, si tengo tarjeta de crédito por ejemplo, se sabe exactamente que compré y donde, si hablo por celular saben a quién llamo e inclusive donde me encuentro, es decir, mi privacidad, mi individualidad no existe.
Subrepticiamente el control es férreo e inclusive horrendo si se piensa, ya no se necesita alguien que nos de latigazos en la espalda para que hagamos o dejemos de hacer algo, ya que los dispositivos de control son más subrepticios y menos concientes, ya que por ejemplo, “bajo el gobierno de una totalidad represiva, la libertad se puede convertir en un poderoso instrumento de dominación (2) ” ya que elegir dentro de una gama de ofertas, que el mismo mercado o el estado genera, no significa libertad, sino elección de bienes y servicios que solo perpetúan y legitiman necesidades que en la mayoría de los casos nos son impuestas, es decir como plantea Marcuse falsas necesidades. Irrisoriamente la frase de 1984, adquiere mayor valor que nunca, “la guerra es la paz y la paz es la guerra”.        
Nadie lo retiene, pero tampoco nadie lo expulsa (3)” así le respondió el alcalde al agrimensor K., en el Castillo y es así como funciona el poder sobre el individuo. Ya como bien se dijo anteriormente el discurso de la modernidad plantea el hecho de la libertad como hilo central, debido que se puede hacer lo que uno desee, pero lo que desee dentro de los parámetros ya establecidos y si no estás dispuesto a jugar el juego que te plantean, nadie te retiene. Es así como el poder incluye y excluye al individuo, ya que por una parte le ofrece el mundo a sus pies, pero por otro, lo vigila atentamente para que esté juegue dentro de las reglas y los límites que el ha impuesto.
Es simple, el poder te invita a jugar y si quieres te “subes al barco” o sino no subes en él, el gran riesgo es que si no subes, navegarás solo y contra la corriente, no hay nadie más haciendo lo que estás haciendo, y lo más probable es que fracases, por que no hay nadie que haya sobrevivido, pero obviamente estás en plena libertad de nadar contra la corriente es decisión tuya. Estás son las opciones del poder y que mejor ejemplo de ello que el discurso de lamedium_bilek1.3.jpg globalización. “La Globalización no es mala, ni buena” está ahí y no podemos negar ello —ese es el discurso— si quieres te embarcas o sino te quedas solo, retrasado y aislado económicamente, pero si quieres puedes hacerlo estás en plena libertad de hacerlo, no te preocupes se te respetará tu decisión. Es cómico decir esto de manera un tanto coloquial, pero no escapa a la realidad, ya que se nos ofrece la globalización como si hubiese chance a elegir, como si en realidad hubiese algo que elegir. Es por esto claro que el poder genera instancias de exclusión o alejamiento de él, pero es casi imposible, al final el mecanismo que perpetua, hace ver una aparente elección, donde no hay más que una alternativa. Es al igual como le plantea el alcalde a K. nadie te obliga, pero nadie te echa... Cómico, pero cierto.


 

Notas:

(1) Kafka, F. “El castillo”.ob.cit., Pág. 99
(2) Marcuse, H.(2001). “El hombre unidimensional”.Editorial Ariel. España. Pág.37.
(3) Kafka, F. “El castillo”.ob.cit., Pág. 111.