24/04/06

Un éxodo inconcluso


Son exactamente las cinco cuarenta y siete de la madrugada, al menos así lo marca el grosero reloj amarillo que está en el suelo, al lado de mi cama y junto a una gran gama de artículos que pasan desde libros, monedas, una taza de café, hasta mis lentes.

 Es tan rutinario esto que se me es imposible decir que es “horrible”, desagradable, o cualquier apelativo de esa índole, ya que esto ya es parte de la normalidad de mi vida. Lo más seguro es que hoy al igual que todos los días que han pasado, no vuelva a quedarme dormido otra vez. Así que lo mejor que puedo hacer es pensar en algo sin importancia y esperar la hora en que me tengo que levantar y ver a M...
 Toda efecto tiene su causa y si en estos instantes pienso sobre cual es la causa de esto, puedo llegar a la conclusión, de que nada es mono-causal y como siempre lo he sostenido son muchos los factores que influyen en algún suceso y quizás lo que siempre señalamos como causa, es lo que “detonó” el efecto, pero no la(s) causa(s). Pero irremediablemente siempre cuando trato de sacar algo en claro me encuentro en la difícil y ridícula posición de sostener que una sola persona tiene gran culpa mejor dicho toda la culpa... No es cosa fácil hablar y menos decir lo que se siente, desea o duele, y por ello, a veces parece más fácil callar; y a decir verdad es una de las lecciones más grandes y dolorosas que he tenido que aprender, porque en muchas ocasiones es mejor callar... Cuando M... me pregunta ¿qué te pasa? ¿estás bien? Siempre respondo que nada y que estoy bien, ¿Y por qué? ¿para qué gastar saliva en decir algo que nadie quiere escuchar y de lo que nadie podrá entender en su totalidad?. De qué le serviría saber a M... que tengo una úlcera de unos dos centímetros en una de las paredes de mi estómago y qué es por eso que despierto cada madrugada después de haber dormido tres horas, que no puedo comer ni beber nada por que me duele, me molesta y me niebla un dolor pequeño pero certero... Que es por eso que he perdido cuatro kilos en un mes y que solo puedo tomar sales para evitar la deshidratación y comer solo cosas livianas, y a pesar de eso el dolor no decae...

 Si le llegase a contar eso a M... esta bien, me “liberaría”, pero inmediatamente nacería la compasión y no la comprensión, ya que si bien nadie puede sentir lo que otra persona siente, por lo menos si estas conectado emocionalmente con alguien puede compadecerse sinceramente de ti eso quizás sea alguna especie de amor, pero tampoco lo ratifico taxativamente... Y si se lo dijera, vendría la “magistral pregunta” ¿Y por qué te salió una úlcera? Y la magistral respuesta sería es una úlcera nerviosa... Causada a pesar de lo escueta de mi vida, por todo lo que he callado, por todo lo que he otorgado y por todas las preocupaciones, penas y frustraciones que no he sido capaz de exteriorizar... Por todo eso día a día lucho por moverme, de tener abiertos los ojos, de aferrarme a algo y de tratar de sentir lo menos posible la llama que parece nacer en mi estómago y recorre irritando todo mi esófago, haciéndome una enorme y noble tarea tratar de tragar algo... Un ardor continuo y punzante que parece como si me faltase aire y que se incrementa cuando cae la noche...
 
 “La sexta plaga parece haber caído sobre mi, las úlceras están dentro mío y aún restan cuatro para poder liberarme(*)” falta aún, para poder emprender mi éxodo hacia un lugar mejor.
¿Qué lograría contándole a alguien lo que me pasa? Si M... me pregunta y yo no le respondo es por que en realidad no lo quiero hacer. Basta con que lo sepa F... que en realidad es una de las pocas personas que tiene importancia, porque a pesar de que nunca pueda saber y comprender lo que me pasa o siento, y viceversa; siento que si alguien hace (o trata) de hacer un esfuerzo sincero por entenderme es F...; y quizás ese tratar de entender sincera y humildemente a alguien, sea amor... Y solo a su lado podría emprender un viaje exitoso y verdadero, solo con ella podría concluir mi nuestro definitivo éxodo, hacia nuestra tierra soñada prometida...

 


(*) Véase la Biblia, Antiguo Testamento Éxodo 9,8. Sexta plaga: las úlceras.
        

11/04/06

Vida y verdad “epistolar” en Kafka (Primera Parte: la construcción de literatura por medio de cartas)

medium_untitled_kk.jpgDentro de todo el arte de Kafka, su vida epistolar reviste una importancia trascendental, ya que es en ellas, donde se conoce a un Kafka acongojado, desesperado, ilusionado y también enamorado. Se habla que las cartas de éste constituyen obras “en sí”, ya que se hace muy complejo distinguir o separar la vida de Kafka con su obra (literatura), transformándose así las cartas en pequeñas y valiosas piezas literarias.
 La vida epistolar del autor es demasiado grande, pero se puede resumir en tres personajes (personas) claves en su vida: Felice Bauer, Milena Jesenska-Pollaková y su padre (Hermman Kafka) al cual redactó una extensa carta la que nunca llegó a su destino y que es conocida como la famosa “Carta al padre”. Dentro de la vida de Kafka, tanto Felice como Milena, en un principio amigas, se transforman paulatinamente en sus “amores” y confidentes a las cuales Kafka escribiría las más hermosas cartas que se puedan encontrar en cuanto a la expresión de la desesperanza, amor y angustia que involucra el (los) procesos de querer compartir (y a la vez no compartir) la vida con otra persona; ¿y por qué digo esto? Por que es el mismo Kafka quién las ama, pero que las abandona en el caso de Felice y pide encarecidamente que lo “rescaten y lo liberen” como es en el caso de Milena y es así como ella se refiere a él: “Vive sin el menor refugio, sin albergue. Y así está expuesto a todo lo que nosotros estamos defendidos. Está desnudo dentro de los que ya van vestidos”.
 En estas cartas se puede encontrar al Kafka desnudo que describe Milena, a ese hombre que parece vivir en un cubo de cristal que lo rodea, en el cual puede ver al mundo y se sorprende como un niño de él, pero del cual irremediablemente no sabe como actuar. La “verdad” de lo que escribe, es relativa, pero no por ello menos bella y conmovedora, ya que las dos mujeres antes citadas sabían al igual que todo el círculo que rodeaba al escritor, que para él la verdad de la vida iba casi adherida a la verdad en su literatura.
 La elección del título de esta la primera parte o entrega no es azarosa, ya que “la construcción de literatura por medio de cartas” constituye en mi apreciación uno de los actos más originales y auténticos que alguien nos puede entregar; es imposible afirmar que las cartas antes mencionadas (a Milena o Felice) tengan un fin literario en su génesis, pero si en el resultado de como se nos presentan y como pueden ser interpretadas. No quise incluir anteriormente la “Carta al padre”, ya que esta es una sola carta la cual consta de más de cien hojas en formato de libro y escrita de un “tirón”, además de tener una estructura particular que en alguna de las próximas publicaciones explicaré.
Es increíble pensar que se vendan libros de las cartas de alguien o que ese alguien a quien iba dirigidas las publique como en el caso de Milena, pero siendo honesto es un enorme regalo el poder conocer a una persona en este caso a Kafka en su seno más íntimo, en lo que se escribe con amor, odio, pero sobre todo con pasión, como lo fue su vida epistolar.

 

Sobre las próximas entregas


medium_fff.3.jpgHe ideado una forma de segmentar la vida epistolar de Kafka, con el fin de hacer entregas, mucho más acabadas y mejor tratadas, con el fin de sistematizar y no confundir al lector. Es por ello que realizaré una publicación  mensual en el siguiente orden (o partes):

Primera Parte: “la construcción de literatura por medio de cartas”, la cual constituye en puntapié inicial de esta entrega.
Segunda Parte: “Cartas a Felice, el sabotaje kafkiano”. Aquí analizaré la relación de Kafka y Felice Bauer (por medio de cartas), las repercusiones en su literatura y las gigantescas contradicciones entre Felice y la literatura.
Tercera Parte: “Cartas a Milena, un fracaso sabido de antemano”. Se presentará una relación que desde su génesis estaba perdida, pero como a pesar de ello, Kafka escribe las más hermosas cartas de amor para alguien con la cual nunca podrá estar junto a él.
Cuarta parte: “Carta al padre, o la condena paterna”. Se verá como la “autodestructiva” relación de Kafka va “creando” con la figura de su padre, es clave en la vida y en la obra del escritor.