“Bartleby (el escribiente)”

“Bartleby (el escribiente)”

Autor: Herman Melville

Melville escritor famoso por su célebre libro “Moby dick”, nos entrega en 1856 una novela corta o cuento si se quiere denominar así, realmente magistral e inclusive visionaria, para lo que sería en propias palabras de Jorge Luis Borges (1), el hecho de que: “Bartleby define un género que ya hacía 1919 reinventaría y profundizaría Franz Kafka: el de las fantasías de la conducta o, como ahora malamente se dice psicológicas”, por medio de “un idioma tranquilo y hasta jocoso cuya deliberada aplicación a una materia atroz (como lo es el mundo de las oficinas y de la burocracia) parecen prefigurar a Kafka” (2).
La historia es sencilla, pero no por ello menos inquietante y envolvente. En una oficina se requiere a un nuevo escribiente, con el fin de aminorar la labor que los demás empleados tenían, es así como el jefe de la oficina decide contratar a Bartleby, el cual a fin de cuentas se transforma en el más eficiente y diligente empleado de la oficina; cada vez se le destinan tareas más complejas y extensas, lo cual va en directa relación con la confianza que deposita el jefe en su trabajo (eficiencia). Pero algo no anda bien, algunas veces cuando el empleador se dirige a Bartleby para pedirle a éste un “favor” que se encuentra fuera de las atribuciones que este debe desempeñar o dentro de estas no importa, éste responde con un efectivo y fulminante “Preferiría no hacerlo”; en un principio el empleador le sorprendió la actitud de su empleado, pero pensó solamente que era una humorada o una “tomada de pelo”, pero cuando vio que la actitud se daba con mayor frecuencia este se asustó y se cuestionó el por qué Bartleby decía y actuaba de esa manera. Es así como un día lo llama a su oficina, pero éste le dice “que preferiría no ir”, a lo cual su empleador no sabe que hacer y reacciona casi iracundo, pero se encuentra con una muralla que no dice nada, y que no mueve siquiera un músculo, el empleador se queda absorto y “lo deja” .
Es increíble la atmósfera que se crea luego de tal (es) respuesta (s), el jefe queda como en blanco, no sabe que hacer ni como tomarlo, solo se consolaba en un principio con el hecho de Bartleby era sumamente eficiente en lo que tenía que desarrollar, es decir su trabajo como escribiente. Pero el mismo se cuestionaba el hecho de que si hubiese sido cualquier otro tipo o persona que hubiese actuado así, con él, hace mucho tiempo ya no trabajaría en su oficina. También hay que destacar que era tal el grado de eficiencia de Bartleby que éste parecía escribir día y noche, y en realidad parecía como si éste solo hubiese nacido para escribir, pero algo se escondía tras esta actitud, tan misteriosa...
Es así como el tiempo pasó y el empleador le preguntó un día a Bartleby, por qué actuaba así, y este le dijo: “preferiría no hablar de eso” y así la historia volvió a caer en un círculo del que solamente saldrá mediante la compasión y el entendimiento de que Bartleby es un ser desgraciado, que trabajaba noche y día, por que en realidad vivía allí en la oficina y no tenía donde ir; un buen día su empleador lo encuentra en la oficina y lo increpa, con lo cual Bartleby, se va y nunca más se sabe de él.
Melville nos introduce en el mundo de las oficinas, de las trabajos tediosos, de la burocracia, de la minimización y olvido del hombre, nos hace ver que la historia inútil y sin sentido de Bartleby tenía un sentido, y que era el de que él había fracasado y era infeliz, de que había sido aplastado y humillado... Y el simple hecho de ver por aquella ventana en la oficina una muralla de ladrillos en donde la luz entraba escasa y amargamente, nos hace plantearnos lo alienados, funcionales y sin sentido que pueden llegar nuestras vidas, y nuestros trabajos, es por eso que al final solo se puede decir, “¡Ay, Bartleby! ¡Ay, humanidad!” (3)...

Notas:

(1) Extraído del libro “Bartleby” de Herman Melville. De Ediciones Norma (cara y sello). “A propósito de Herman Melville y Bartleby”.
(2) Considérese la asociación recurrente entre esta obra y El Proceso de Kafka.
(3) Melville, H. (1990) “Bartleby”. Ediciones Norma. Pág.64.

Tarifa: 9/10

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